Capitulo 7 "Primera Muerte"
La otra cara de la moneda.
Lo que me enamoró de él fue su forma de ser. Era carismático y sensible. Era demostrativo afectivamente y besaba tan rico. Era inteligente y congeniábamos en todo. Tenía una pymes de repartos y algunos negocios más turbios además.
Eso me encantaba, recuerdo la cara de malo que ponía cuando me cogía contra el espejo. Recuerdo que lo podíamos hacer hasta en la puerta de mí casa. Por eso me entregaba completamente a él, pensaba que así no se iría con nadie más.
Estaba en todos los detalles, me hacía regalos pequeños y grandes. Decía que era su princesa. Nos besábamos en cada bar y restaurante. Me llevaba a cada sesión de fotos y luego me pasaba a buscar. No entendía cómo alguien podía estar tan pendiente de mí. Al mes de dormir juntos ya me había comprado el cepillo de dientes, mí desodorante, shampoo, crema, las toallitas femeninas y todo para desmaquillarme. A los 2 meses ya tenía mí espacio en su placard. ¿Cómo no iba a querer quedarme?
Cuando entraba a su trabajo era la primera dama. Después de ponernos de novio me presentó a su familia, le agradecí a su abuela y a su mamá por haber criado a ese hombre tan perfecto y tan atento.
Porque sin duda era la mano de una mujer la que había hecho esto.
Los fines de semana me levantaba con el café caliente y flores en la cama, los roles de canela después de un buen mañanero nunca faltaban.
Todo hizo que me olvidará de su ex y de mí intuición también. Las peleas hacían que quisiera volver con él porque en mí casa no estaba, porque en ningún otro lado encontraría flores con su perfume.
“Ojalá siempre duermas de costado
Para sentir el perfume de tu espalda
Ojalá no falten nunca nuestros gatos
Para que siempre estés acompañado
Ojalá que los silencios no sean amargos
Para que no tengas que escuchar mis chistes malos
Ojalá siempre sonrías las noches de verano
Cómo en las que yo te estaba mirando
Ojalá que siempre ames y te ames
Porque yo siempre te estaré amando
Ojalá que bailes en la lluvia
Ojalá que cantes nuestras músicas
Ojalá que viajes por el mundo
Ojalá que conozcas mil personas y que todas te conozcan
Ojalá que grites al viento
Ojalá que te metas al mar
Ojalá no tengas miedo en la oscuridad
Ojalá que leas los libros que no te supe prestar
Ojalá que estés en paz
Porque en cada momento y lugar yo desearía estar a tu lado
Y si no lo hago ojalá que lo vivas igual
Porque en cada lugar te estaré amando.”
Un día cayó la policía a su casa, se llevó todo. Solo quedamos él, su gato y yo llorando. Fue horrible lo recuerdo, algunos de esos negocios de los que él nunca hablaba salieron mal, su socio se quedó con toda la plata y desapareció. Ahora estaba siendo investigado. Cómo debía mucho dinero por evasión de impuestos tuvo que vender la pyme y se quedó sin nada. Ya no tenía ni para el alquiler del dpto en Caballito asique le ofrecí venir a vivir a mí casa.
Creo que estaba en el peor momento de su vida, cuando cayó la llamada, mí papá se estaba muriendo y tuve que viajar por 2 semanas. Esas dos semanas fueron horribles, él estaba raro de nuevo quizá por todo lo que estaba pasando. Mí papá había comenzado a mejorar aunque sabíamos que era cuestión de tiempo. Yo solo pensaba en él, tenía tanto miedo que me dejará aunque estaba viviendo en mí casa pocas noches dormía ahí, lo sabía por el portero del edificio que me contaba todo.
Estaba tan asustada y no paraba de llorar, apenas estuvo más estable mí padre viaje de regreso. El me estaba esperando en el aeropuerto, volvimos a casa, hicimos el amor, pero se sentía lejano al hogar que había sido su cuerpo con el mío.
Al otro día se fue temprano y algo me decía que debía hacerme ese test que confirmaría lo peor… estaba embarazada.
Mí mundo se desmoronó, siempre sospeche que quizá algún día pasaría por ese momento de estar sentada frente al inodoro mirando una tira de plástico mientras mis lágrimas caían nunca las imaginé si por felicidad o por tristeza. Lo llamé con esperanzas de que él definiera cuál de los dos estados sería. Solo recibí la pregunta que naturalmente los hombres deben hacer
-"¿qué querés hacer?",
-“Abortarlo”, respondí recordando la noche anterior su cara de amargura.
Fueron las semanas más tristes de mí vida.
Recuerdo que caminaba por la calle evitando mirar los coches de bebé, recuerdo evitar abrir la caja que tenía la ropita que le regalé a mí hermanito menor que mí mamá me dio para que lo guardara con su perfume de bebé. Recuerdo tocarme la panza, recuerdo sentirme mal, sentir que no era mí cuerpo. Rechazarlo por completo.
Un día intenté contarle que me sentía extraña, recuerdo que necesitaba hablar mucho con él sobre lo que me estaba pasando… su respuesta fue desmayarse y yo tener que cargarlo al cuarto. Ahí entendí que no podía criar a dos niños.
Él se encargó de todo. Yo fui sola a la clínica porque no quería que se volviera a desmayar. Esperé con ansias ese día.
La noche anterior fuimos a cenar con su familia, yo estaba en un ataque de hambre y antojos que no podía explicar. Su abuela me miró a los ojos y lo supo.
Las mujeres grandes tienen ese don que solo la vida les da, esa intuición de oler la maternidad. Súpe en ese momento que esos ojos celestes guardaron el secreto que ninguno de los dos podía contar.
Al otro día ocurrió.
Creo que lo que más me duele todavía es haber matada mí propia ilusión.
De nunca ver la cara de esos niños, de no ver los ojos de tu abuela en alguno de ellos dos. De que nunca peinaria sus rulos tan parecidos a los tuyos, o bezaria esos cachetes tan parecidos a los míos.
No podía, no podíamos, no eran nuestros. Sentía que mí vida se hundía, sentía que todos me juzgarian, pero no tenía otra alternativa. No teníamos los medios para darles la vida que ni nosotros podíamos tener. No podía traerlos a esta vida de pura angustia y sufrimiento. Era egoísta hacerlo.
Sin embargo él me cuidó, en sus brazos sentí que todo estaría bien. Sentí que el dolor de no tenerlos compensaba con el amor de tenerlo.
Mucho tiempo después me confesó que él los hubiera tenido y se me partió el corazón porque yo también hubiera cambiado esa decisión. Pero creo que hay cosas que están escritas y mí intuición me decía que no era el momento.
“Te amé, te adoré, te idealice, te llene de expectativas, recuerdos y sentimientos.
Me rompí cuando te fuiste, me rompí de dolor, me desangre el alma en una cama, se me hizo chiquito el corazón, se me achica de nuevo cada vez que te pienso y no estás.
Odio esa sensación de sentir que rozó el cielo cuando toco tu cuerpo.
Odio seguirte añorando aún con el paso del tiempo.
Un día vas a entender del daño, un día vas a ver lo difícil que fue olvidarte, un día vas a darte cuenta del dolor que generaste. O quizá no, quizá solo es mío el dolor.
Es mío y solo yo tengo el poder de arrancarmelo del cuerpo de mí mente de tus recuerdos.
Pero sé que un día ya no vas a doler, un día tu recuerdo será una simple brisa del ayer, un día seré tan gigante que te preguntarás mil veces porque me elegiste perder... Sé que pensarás cómo hubieran sido nuestros hijos, sé que te preguntarás cómo hubiera sido seguir conmigo. Me verás brillando en el espacio, hermosa, expansiva y tan real que al mirarte a tu reflejo te dolerá, haber tenido al amor de tu vida y no haberlo podido cuidar.
Nunca más amarás así, nunca más podrás volver a amar así porque te dolerá... Y lo que más te va a doler es que no pudiste hacer nada, es que te quedaste quiero mirando como yo me iba con él.
Ese día sabré que gane, el día que no gire a verte que solo siga de largo y ni te registre. El día que te duela el ego haberme perdido, no habertela jugado, no haberme valorado.
Ojalá sigas lejos, muy lejos de mí y de mí cuerpo, ojalá no regreses nunca. Y por sobre todo ojalá que cuando regreses yo ya no sienta nada absolutamente nada por vos.
Ahí será tan distinto, ahí volveré a confirmar que no eras vos, que no era con vos. Que todavía había mucho más amor del que me decías dar. Y que yo merecía mucho mucho más."
Comentarios
Publicar un comentario